Moody La oración que prevalece

Moody La oración que prevalece es una examinación sobre la oración, gente estelar de oración, y cómo cada cristiano de practicar intensivamente la oración.

46 páginas

Extracto #1

Los dos medios principales de gracia, esenciales los dos, son la Palabra de Dios y la Oración. Por medio de ellos viene la conversión; porque somos nacidos otra vez por la Palabra de Dios, que vive y permanece para siempre; y todo aquel que invoca el nombre del Señor será salvo.

Por medio de los dos también crecemos; porque se nos exhorta a desear la sincera leche de la Palabra, y no podemos crecer en la gracia y en el conocimiento del Señor Jesucristo a menos que le hablemos también a Él en la oración.

Es por la Palabra que el Padre nos santifica; pero se nos manda también que velemos y oremos, para que no entremos en tentación.

Extracto #2

Jesús, como Hombre de Oración

Quiero llamar la atención del lector de modo especial sobre Cristo como un ejemplo para nosotros en todas las cosas, pero de un modo especial en la oración. Leemos que Cristo oraba al Padre por todo. Toda gran crisis de su vida fue precedida por la oración. Dejadme citar unos pocos pasajes. Nunca noté hasta hace unos pocos años que Cristo estaba orando en su bautismo. Mientras oraba, los cielos se abrieron, y el Espíritu Santo descendió sobre Él. Otro gran acontecimiento de su vida fue la Transfiguración. «Y entretanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente» (Lucas 9:29).

En Lucas 6:12, leemos: «Aconteció en aquellos días que Él salió al monte a orar, y pasó la noche entera en oración a Dios». Este es el único punto en que se nos dice que el Salvador pasó toda una noche en oración.

¿Qué iba a acontecer? Cuando descendió del monte, reunió a sus discípulos y les predicó el gran mensaje conocido como el Sermón del Monte, el sermón más maravilloso que ha sido predicado a los mortales. Probablemente, no hay otro sermón que haya hecho tanto bien, y fue precedido por una noche de oración. Si nuestros sermones han de alcanzar los corazones y las conciencias de la gente, hemos de estar en contacto con Dios en oración para que haya poder en la Palabra.

Extracto #3

Los hombres de Dios son hombres de Oración

De todo ello vemos que la oración tiene un lugar elevado entre todos los ejercicios de la vida espiritual. Todos los hombres de Dios han sido hombres de oración. ¡Miremos, por ejemplo, a Baxter! Las paredes de su estudio estaban descoloridas por su aliento; y cuando hubo sido ungido por la unción del Espíritu Santo, de él brotaron ríos de agua viva sobre Kidder-minster, siendo centenares los que se convirtieron. Lutero y sus compañeros eran hombres de tal poder en la oración a Dios que quebrantaron el hechizo de siglos y pusieron naciones enteras a los pies de la cruz. John Knox abarcó a toda Escocia en los brazos de la fe; sus oraciones tenían aterrorizados a los tiranos. Whitefield, después de mucha oración santa y fiel privada, fue a la feria de Satanás, y arrancó más de mil almas de la garra del león en un solo día. ¡Vemos a Wesley convirtiendo a diez mil almas para el Señor! Mirad a Finney, cuyas oraciones, fe, sermones y escritos han sacudido a nuestro país entero, y ha enviado una ola de bendición a las iglesias, a los dos lados del mar.

El doctor Guthrie hablaba así de la oración y de su necesidad: «La primera señal verdadera de vida espiritual, la oración, es también el medio de mantenerla. El hombre no puede vivir físicamente sin respirar como tampoco puede vivir espiritualmente sin orar. Hay una determinada clase de animales, los cetáceos, que habitan en las profundidades del mar. Es su hogar, nunca se acercan a la orilla; sin embargo, aunque nadan bajo las olas y llegan a grandes profundidades tienen que aparecer en la superficie, de vez en cuando, porque han de respirar aire. Sin ello, estos monarcas de las profundidades no podrían sobrevivir en el denso elemento en que se mueven, algo semejante a lo que les impone la necesidad física, podemos decir del cristiano que debe hacerlo por una necesidad espiritual. El cristiano ha de elevarse de vez en cuando a Dios, por medio de la oración, hacia las regiones más puras de las provisiones de la gracia divina, para poder mantener su vida espiritual. Si se impide a uno de estos animales que alcance la superficie, muere asfixiado; si se impide a un cristiano llegar a Dios, muere por falta de oración».

«Dadme hijos», clamaba Raquel, «o muero». «Dejadme respirar», dice el hombre que se ahoga, «o muero».

«Dejadme orar», dice el cristiano, «o muero».

«Desde que empecé a pedir a Dios bendición sobre mis estudios», dijo el doctor Payson cuando era un estudiante, «he hecho más en una semana que antes en todo un año».

Lutero, cuando se hallaba más agobiado de trabajo, dijo: «Tengo tanto qué hacer que solamente puedo dedicar tres horas diarias a la oración».

Y no solo los teólogos tienen en gran estima y hablan así de la oración; hombres de todos los tipos de vida han dicho lo mismo. El general Havelock se levantaba a las cuatro, si la hora de empezar la marcha eran las seis, para no perder el precioso privilegio de la comunión con Dios antes de emprender las marchas a que obligaba su profesión.

Sir Matthew Hale decía: «Si descuido orar y leer la Palabra de Dios por la mañana, nada va bien durante el día».

«Una gran parte de mi tiempo», decía McCheyne, «lo paso afinando mi corazón para la oración. Es el hilo que une la tierra con el cielo».

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