Harvey Preparándolos para servir

Harvey Preparándolos para servir es un libro de 15 capítulos sobre preparando ministros para la obra misionera.

Contenido de Harvey Preparándolos para servir

Prólogo
Prefacio
Capítulo 1: La necesidad de la capacitación
Capítulo 2: Ejemplos tomados de los nuevos países de envío misionero
Capítulo 3: La naturaleza de la capacitación
Capítulo 4: Cómo empezar
Capítulo 5: ¿Quién realiza la capacitación?
Capítulo 6: Cómo elegir a los estudiantes
Capítulo 7: La planificación del currículo
Capítulo 8: Capacitación integral
Capítulo 9: El adiestramiento y la cultura
Capítulo 10: Asuntos referidos a la capacitación y la pastoral
Capítulo 11: Evaluación y desarrollo
Conclusión
Apéndice 1: Cuestionario para centros de capacitación
Apéndice 2: Capacitación integral
Apéndice 3: Cursos prácticos
Apéndice 4: Asuntos doctrinales clave
Apéndice 5: Biblioteca básica
Apéndice 6: Evaluación del alumno
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Harvey Preparándolos para servir

Extracto desde la Obra

Capítulo 3 La naturaleza de la capacitación

Cuando se está organizando un programa de capacitación misionera se deben tomar en cuenta una
serie de aspectos decisivos. ¿A quién va dirigida la capacitación? ¿Qué clase de capacitación se
ofrecerá? ¿Dónde se llevará a cabo el programa? ¿Será un programa con residencia en el lugar? ¿Qué
duración tendrá el curso? ¿Será el compromiso de una sola agencia o se realizará mediante la
cooperación entre varias? ¿Quién lo administrará? ¿Cómo se solventarán los gastos? Estas son las
preguntas que vamos a analizar en los dos próximos capítulos.

¿A quién va dirigida la capacitación?

Es preciso definir el término “misionero” ya que el concepto que adoptemos pesará directamente
sobre el programa de capacitación. Algunos dirían que todos los cristianos son misioneros, y en el
sentido bíblico eso es correcto. La palabra misionero significa “alguien a quien se envía”. Todos los
cristianos somos enviados al mundo para dar testimonio de Jesucristo. Sin embargo, desde el siglo XVI
el término se ha empleado de manera más específica para describir a quienes dejan su lugar nativo para
llevar el evangelio a otras culturas. En este libro nos referimos a la capacitación de los misioneros
transculturales.

Hoy, el término “misionero” se usa más comúnmente para referirse a quienes salen a trabajar por
cierta cantidad de años en el marco de una sociedad misionera. Un misionero espera permanecer en la
obra misionera la mayor parte del período laboral de su vida. Se propone pasar muchos años en el país
al que es enviado, aprendiendo el lenguaje y haciendo el máximo esfuerzo por comprender la cultura e
identificarse con la gente.

El término “misionero” se usa en ocasiones para describir a quienes se radican como profesionales
cristianos en otro país. Según las habilidades y calificaciones profesionales que tienen, son contratados
como empleados del gobierno, de una empresa o una institución. No perciben salario de una sociedad
misionera, pero su meta concreta es trabajar con la iglesia local y comprometerse en el evangelismo
durante su tiempo libre. Con frecuencia estas personas obtienen acceso a países que niegan el ingreso a
misioneros de tiempo completo; pueden hacer contacto con sectores de la comunidad a los que otros
obreros cristianos quizás nunca logren alcanzar. A lo largo de los siglos, estos cristianos profesionales
—conocidos también como misioneros “hacedores de tiendas”— han contribuido enormemente al
crecimiento de la iglesia.

Actualmente, miles de cristianos profesionales de diversas nacionalidades tienen la posibilidad de
trabajar fuera de su país. Gozan de oportunidades evangelísticas únicas y pueden ser de mucho
estímulo para los creyentes del lugar. Con todo, necesitan orientación y capacitación adecuada a fin de
aprovechar todo su potencial.

El término “misionero” también puede usarse para aquellos que están involucrados en la obra
transcultural durante un período corto de tiempo: dos semanas a dos años. En los años recientes hubo
un enorme aumento de misioneros por lapsos breves. Organizaciones como Operación Movilización
(OM) y Juventud con una Misión (JUCUM) abrieron nuevas oportunidades para el servicio cristiano a
personas jóvenes en todo el mundo. Las sociedades misioneras tradicionales también han iniciado
programas de trabajo por períodos breves y muchas iglesias estimulan a sus miembros jóvenes a pasar
un tiempo en el servicio cristiano en otro país. El trabajo por un lapso breve tiene grandes beneficios.

Permite, a quienes participan, conocer la iglesia en otro país. La experiencia amplía sus horizontes y los
desafía en la fe. Puede brindarles más confianza para el testimonio cristiano y llevarlos a la decisión de
ofrecerse para el servicio de tiempo completo. Con todo, sin la adecuada preparación y adiestramiento,
la experiencia podría producir ansiedad y desilusión.

No todos los creyentes tienen que salir de su país para ser misioneros. Algunos permanecen en su
propio país y trabajan entre pueblos cuyo idioma y cultura son distintos a los propios. La India, por
ejemplo, tiene una enorme variedad de culturas y grupos étnicos. Los recientes estudios antropológicos
revelan que hay no menos de 4.635 grupos étnicos en este subcontinente. Muchos de los habitantes de
la India, especialmente del sur y del noreste, han sido enviados a llevar el evangelio a grupos tribales y
a los hindúes en el centro y norte del país. Estas personas están sirviendo como misioneros
transculturales dentro su propio país.

Cada centro de capacitación necesita decidir a quién está procurando capacitar: misioneros de
carrera, profesionales cristianos u obreros por lapsos breves. El seminario All Nations Christian
College fue específicamente creado para capacitar a misioneros de carrera o servicio prolongado. Sin
embargo también recibe a profesionales cristianos que desean dedicar uno o dos años y luego retomar
su profesión. Se organizan, además, cursos de dos semanas durante el período de vacaciones para
colaborar con organizaciones que tienen programas para enviar personas a trabajar en la misión durante
lapsos breves.

¿Qué clase de capacitación ofrecer?

Un segundo asunto que debe decidirse es la naturaleza de la capacitación que se ofrecerá. En este
aspecto resulta útil tener presente la declaración de la política que sostienen en este tema algunos de los
centros de capacitación que hemos considerado en el capítulo anterior.

Nuestro propósito es brindar capacitación práctica en las habilidades para el ministerio transcultural a
personas (especialmente africanas) que tienen el llamado de Dios y el compromiso de dedicarse a la obra
misionera transcultural. La capacitación de NEMI no apunta a otorgar certificados a los estudiantes, sino a
hacer de ellos misioneros eficientes en el campo de misión.1

El objetivo central de nuestra institución es ofrecer capacitación relevante, práctica y transcultural a
hombres y mujeres que sienten el llamado de Dios para ir a otras tribus y naciones a proclamar las Buenas
1
“Nigeria Evangelical Missionary Institute”, folleto publicitario, Nigeria Evangelical Missions Association, Jos,
1990, p. 3.

Nuevas de salvación en Cristo Jesús y a plantar iglesias activas, nativas y cristocéntricas en pueblos que
todavía no han sido alcanzados con el evangelio. Los graduados no sólo deben conocer acerca de las misiones
sino más bien ser capaces de llevar a cabo el ministerio misionero.2

El OTI no es un seminario teológico sistemático ni una escuela bíblica corriente. La capacitación que se
brinda es una integración de excelencia académica, crecimiento espiritual y ministerios prácticos. El énfasis del
programa de instrucción es preparar a las personas para el ministerio transcultural.3

Estos centros de capacitación brindan adiestramiento práctico en las habilidades requeridas para el
ministerio transcultural. No son institutos bíblicos ni seminarios teológicos, ni se crearon para competir
con tales instituciones. Muchas dan por sentado que los estudiantes ya habrán completado sus estudios
bíblicos y teológicos antes de inscribirse para recibir capacitación misionera. Estos centros no se
proponen dar preparación teológica ni acreditación académica; brindan, más bien, capacitación
vocacional para la misión. El adiestramiento no apunta a dar títulos académicos sino a producir
misioneros eficientes en el campo de las misiónes.4

Los graduados no sólo deben conocer datos sobre las misiones: deben ser capaces de llevar a la gente a Jesucristo y plantar iglesias.

Esto no significa que los que ofrecen estos programas de capacitación no se interesan por el nivel
académico de sus cursos. El OTI habla acerca de “la integración de la excelencia académica, el
crecimiento espiritual y el ministerio práctico.” Estas instituciones se preocupan de que el nivel
académico sea elevado y muchos de sus profesores tienen calificación de alto nivel para el ejercicio
docente. Sin embargo, no se ocupan sólo de lo académico: también están interesados en el crecimiento
espiritual de sus estudiantes y en la adquisición de habilidades para el ministerio.

En segundo lugar, estos centros procuran proveer capacitación relevante a sus estudiantes para el
futuro ministerio. Todo lo que se incluye en el programa debe tener relación directa con la tarea de la
comunicación transcultural del evangelio. Es posible llenar un programa de capacitación con toda clase
de asignaturas interesantes que se enseñan también en otras instituciones, y creer que serán en sí
mismas relevantes para la labor misionera. El problema es que podrían no serlo. Un curso sobre
racionalismo o existencialismo puede ayudar a los cristianos anglosajones a entender su propia cultura,
pero no será tan pertinente para los cristianos nigerianos que trabajan entre grupos tribales que no
tienen lenguaje escrito, en un remoto rincón de Africa occidental.

 

Cada centro tiene varias maneras de lograr la adaptación del contenido de su currículo al contexto
cultural: primero, diseñar el curso a nivel local; segundo, involucrar a representantes de la iglesia
nacional y a los líderes misioneros en la planificación del currículo; tercero, permitir que la temática
del programa surja del contexto cultural; cuarto, pedir asesoramiento a los que ya están
desempeñándose en el campo misionero; quinto, utilizar libros de texto escritos en la región o
escribirlos, en caso de que no existan.
En tercer lugar, estos centros se proponen brindar formación integral. No quieren capacitar
misionólogos de escritorio sino obreros para las iglesias, personas que puedan tener luego un efectivo
ministerio evangelístico transcultural. En consecuencia, todos estos institutos asignan enorme
importancia a la formación total de la persona. Se preocupan por el desarrollo del carácter del

2
“Africa Inland Church Missionary College Prospectus”, AIC Press, Eldoret, 1991, p. 9.
3
“The Philosophy and Ethos of OTI Training”, Indian Evangelical Mission, Bangalore, n. d., p. 2.
4
Algunos institutos de capacitación procuran combinar el entrenamiento práctico y la acreditación. Ver la
sección “Yavatmal College for Leadership Training” en el capítulo 2.

 

estudiante y por su vida espiritual. Prestan la misma atención a la habilidad para las relaciones
interpersonales como a los logros académicos del estudiante.

Cada centro de capacitación debe decidir el equilibrio y el énfasis de su programa. ¿Cuánto tiempo
puede dedicarse a la adquisición de conocimiento bíblico? ¿Cuánto tiempo debe brindarse al
adiestramiento práctico y al desarrollo de las habilidades propias del ministerio? ¿Qué prioridad se dará
al crecimiento espiritual y a la formación personal?

¿Qué duración tendrá el programa?

¿Hasta cuánto debe estirarse la cuerda? No es sabio recomendar qué duración concreta debe tener
un curso de capacitación, ya que la duración óptima está determinada por muchas variables. El tiempo
destinado depende de las finanzas, de la disponibilidad de instalaciones y personal, del conocimiento y
experiencia previos que traen los estudiantes, de la habilidad y madurez de los mismos, de la naturaleza
de su futuro ministerio y de la duración que se estima ha de tener su ministerio misionero.

Siempre será preferible un curso de dos semanas que ningún adiestramiento en absoluto. Muchas de
las agencias misioneras comenzaron organizando breves cursos de orientación de unas pocas semanas
de duración y gradualmente fueron extendiéndolos. Algunas instituciones ofrecían una serie de cursos
en veranos consecutivos y requerían que los candidatos a la obra misionera asistieran a varios de estos
cursos para completar su capacitación. Este proceso significa que transcurrían varios años antes de que
algunos misioneros estuvieran listos para comenzar su labor.

Algunos centros de capacitación comenzaron ofreciendo cursos de tres a cuatro meses, pero aun
esto mostró ser insuficiente. La Escuela de Misiones Ministerios del Calvario comprobó que unos
pocos meses de capacitación no eran suficientes. El curso se extendió entonces a seis meses y luego a
nueve. Se observa un esquema similar de evolución en muchos otros programas de capacitación.
Algunos prolongaron sus cursos a dos años y otros llegaron incluso a implementar un programa de tres
años con grado académico. En los centros de capacitación que tuve oportunidad de visitar existe un
consenso de que un curso mínimo de capacitación para la carrera misionera debería dictarse en seis a
diez meses.

El curso básico del programa que ofrece All Nations es de dos años. Incluye contenidos bíblicos y
teológicos, además de adiestramiento misionológico y práctico. No se exige a los estudiantes que hayan
tenido educación teológica formal previa. Los que sí la tienen pueden optar por un curso intensivo de
un año. En general no se aceptan inscripciones por menos de un año. ¡Los candidatos al trabajo
misionero tienen mucho más para aprender de lo que habitualmente se dan cuenta!

David Tai-Woong Lee ofrece una interesante perspectiva sobre la capacitación misionera en Asia.
Sugiere que los misioneros asiático que salen a trabajar en forma autónoma en evangelismo pionero
necesitan menos adiestramiento que aquellos que van a integrarse a una misión internacional. ¡Sostiene
que estos últimos necesitan más comprensión transcultural a fin de poder relacionarse con sus colegas
misioneros (con frecuencia anglosajones)!

¿El curso será con residencia en el lugar?

Hay ventajas y desventajas en un programa de capacitación con residencia, y las consideraremos
antes de analizar los modelos alternativos de capacitación.

Una de las prinicipales ventajas de la capacitación con residencia es que brinda al candidato a la
misión la oportunidad de acceder a un período de preparación intensiva sin las preocupaciones y
distracciones de la vida cotidiana. Como Moisés en los años que transcurrió en el desierto o Pablo en el
desierto de Siria, los candidatos tienen tiempo de reflexionar y prepararse para su futura tarea. En un
centro residencial tienen a su alcance recursos tales como libros, periódicos, cintas y videos referentes a
la misión y que podrían no estar disponibles en una iglesia local. El personal residente brinda una
variedad de modelos a los estudiantes en cuanto a estilo de vida y métodos de enseñanza; pueden
trasmitir su conocimiento y experiencia en contextos tanto formales como informales.

Los que asisten a un instituto de este carácter también contarán con el estímulo de otros estudiantes
cuyo trasfondo, cultura y perspectiva de la vida pueden ser muy distintos. Aprenderán que otros pueden
tener una forma muy diferente de hacer las cosas. Quizás descubran, como ocurrió con los estudiantes
en la India, que personas de otras regiones del país cocinan el arroz de una manera distinta, y que
algunos de sus connacionales prefieren chapattis en lugar de arroz, o que no comen arroz en absoluto.

Esto hace trizas la idea de que hay una sola forma de hacer las cosas. La experiencia de convivencia
desafía los prejuicios. Pueden surgir conflictos a causa de la ingenuidad cultural, pero aun esa situación
puede brindar valiosas lecciones para el futuro.

Un programa residencial de capacitación puede simular en alguna medida las presiones propias de
la vida en el campo de la misión y la disciplina que requerirá la vida misionera. Ser misionero requiere
sacrificio, y los que ingresan a la misión necesitan estar preparados mental y espiritualmente para lo
que les espera. Si no pueden hacer frente al estilo de vida que se les solicita, es mejor que lo descubran
mientras aún están capacitándose y no un año más tarde, cuando hayan viajado miles de kilómetros a
un costo grande para ellos mismos y para quienes los envían. El adiestramiento con residencia provee a
los misioneros potenciales oportunidades para autoevaluarse y decidir si realmente la vida misionera es
para ellos.

En el contexto de una comunidad cristiana afectuosa, los futuros misioneros pueden trabajar
aspectos de su vida personal que encontraron demasiado difícil enfrentar antes. Pueden haber tenido
experiencias que obstaculizaron su desarrollo espiritual o restringieron su capacidad para relacionarse
con otros. El tiempo de preparación en un curso con residencia puede brindar el espacio que necesitan
para dialogar acerca de esas experiencias, buscar sanidad de Dios y fortaleza para el futuro, cuando
tendrán que enfrentar las considerables presiones que implica el servicio misionero.

En All Nations vimos a muchos estudiantes madurar en su autopercepción y desarrollar mayor
salud personal. Pudieron enfrentar asuntos que antes se sentían demasiado atemorizados de encarar.
Pusieron orden en relaciones personales que habían estado sin resolver por años. Tomaron más
conciencia de su propio carácter y eso a su vez los hizo más humildes y más dependientes de Dios.

El adiestramiento con residencia brinda al personal la oportunidad de evaluar la adaptabilidad del
candidato para el servicio misionero. El personal puede observar cómo se relacionan los estudiantes
unos con otros y juzgar sus condiciones para trabajar en equipo. Pueden observar si perseveran en
situaciones difíciles, si tienen sentido de humor, y cómo reaccionan cuando deben realizar tareas
domésticas que forman parte de la vida en comunidad. Pueden tomar nota de su actitud ante la
autoridad y de la forma en que manejan los desacuerdos. Esto es más necesario para la confirmación de
un candidato al trabajo misionero que saber si pueden predicar un sermón elocuente.

Hay claras ventajas de tener un programa de capacitación con residencia en el lugar. Muchos
líderes y capacitadores con acabada experiencia en formación misionera sostendrían que un período
significativo transcurrido en una residencia comunitaria es la forma más efectiva de preparar futuros
misioneros. Sin embargo, también hay varias desventajas en esta opción de capacitación con residencia.
Una de las más obvias es el costo. Construir y mantener un centro residencial requiere mucho
dinero. Muchas denominaciones o agencias misioneras no tendrían el capital necesario para invertir en
semejante proyecto. Muchos estudiantes pueden no estar en condiciones de pagar la pensión durante
varios meses o años de internado. Los tesoreros de las iglesias podrían quejarse de que es demasiado
costoso y que su iglesia no está en condiciones de pagar esas cifras…